Dayana levantó una mano, extendiéndola ante él. Jaziel desvió la vista de la palma a su cara, confuso - dame tu brazo, te ayudaré a quitarte el saco. Por un momento, pensó que le diría, “yo puedo, no estoy borracho”; sin embargo, cuando por fin la confusión dejó el rostro de Jaziel, levantó el brazo y lo puso en su mano. Dayana empezó desabrochando la manga, luego jaló. Él dejó que lo moviera sin rezongar. Al sacar un brazo, pasó el saco por la espalda hasta el otro. Desabrochó el otro botón y tiró con cuidado. En todo momento, los ojos de Jaziel estuvieron fijos en su rostro. Cuando Dayana jalaba, él se movía de manera involuntaria, como si tirara de todo su cuerpo. Estaba tan débil que con un ligero empuj&oacut
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