Capítulo 144: Mi bebéEl pitido de la máquina era la única cosa constante en esa habitación blanca. Ariadne lo contaba, uno, dos, tres, y otra vez, uno, dos, tres. Cada pitido era un latido. Cada latido era una razón para seguir despierta, para no cerrar los ojos otra vez, para no volver a ese lugar oscuro del que acababa de salir.Evelyn no le soltaba la mano. Sus dedos estaban entrelazados con los de Ariadne, calientes, temblorosos, vivos. Ariadne se aferró a ellos como si fuera su único ancla en el mundo.—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? —preguntó, con la voz ronca.—No mucho —respondió Evelyn, secándose las mejillas con el dorso de la mano—. Cómo media hora, en lo que te trajimos hasta aquí. Pero fueron los minutos más eternos que he vivido.Ariadne cerró los ojos. Media hora, cualquier otra persona ya estaría muerta en su lugar. Habían pasado pocos minutos pero a la veces fueron muchos para alguien que se había caído al mar y había tragado agua.—¿Y mi bebé? —susurró Ariadne,
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