Las cuatro de la mañana del martes.Décima vez esta semana.Evelyn estaba de pie junto a la cuna de Helena con la mano a cinco centímetros de la espalda de la niña, sin tocarla. El monitor verde en la mesilla. La luz parpadeante del sensor de temperatura. La pantalla pequeña que mostraba, con una precisión que no debería ofrecer margen de duda, que todo estaba perfectamente bien.Helena respiraba.Lo veía en el movimiento de la camiseta. Lo escuchaba en el sonido suave y regular que llenaba el cuarto. El monitor lo confirmaba con todos los indicadores en verde.Y sin embargo, Evelyn no podía irse.Llevaba ocho minutos de pie junto a la cuna a las cuatro de la mañana sin ninguna razón objetiva para estar de pie junto a la cuna a las cuatro de la mañana.Este era el décimo día.La primera vez lo había llamado precaución razonable.La segunda, instinto materno.La quinta, empezó a sospechar que tenía otro nombre.La noche del lunes, Nathan la encontró en el umbral del cuarto de Helena a
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