Capítulo 53Ella ajustó el escote corto del vestido, hizo estallar el chicle y caminó con pasos decididos hasta la sala de espera, donde el señor se apoyaba, tambaleante, en un sillón de terciopelo gastado. Vestía un traje que alguna vez fue caro, pero ahora estaba raído en los bordes, y tenía el aire de alguien perdido en el tiempo. De él emanaba un suave olor a alcohol barato y a loción para después de afeitar antigua.—Buenas noches, cariño —dijo Molly, con su voz pegajosa de dulzura profesional. Se inclinó frente a él, ofreciéndole una vista generosa de lo que estaba a punto de, posiblemente, disfrutar—. He oído que usted es un cliente especial. Que tiene manos de hada.El anciano levantó la mirada lentamente. Sus ojos, aunque nublados por la edad y la bebida, tenían un enfoque sorprendente. La observó de los tacones altos al cabello platinado, sin expresión.—Adélia dijo que usted… sabe hacer feliz a una mujer —continuó Molly, sentándose en el brazo del sillón, muy cerca de él. S
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