LIBRO 2: EL ECO DE LA SANGRECapítulo 46: El Manantial de los DeseosEl estruendo de la batalla y el brillo antinatural de las máquinas se desvanecieron, dejando tras de sí un silencio sobrecogedor que solo el murmullo del agua recién nacida se atrevía a romper. Las aguas termales, brotando de las entrañas de la meseta tras el colapso del búnker, llenaban el aire con un vapor cálido y perfumado a tierra húmeda y minerales antiguos. Gabriel, sentado al borde de la nueva laguna natural, observaba cómo el vapor se enredaba en los cabellos de Aura, quien sostenía a Selene con una fragilidad que contrastaba con la fuerza que acababa de desplegar. Ya no había códigos, ni drones, ni susurros digitales; solo quedaba el hombre, la mujer y el fruto de una pasión que había desafiado al destino.La sofisticación de este nuevo refugio no residía en su blindaje, sino en su desnudez. Gabriel se despojó de los restos de su ropa táctica, esas prendas que olían a pólvora y a años de huida, y se sumergi
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