Inmediatamente, Ethan se alejó de Rafaela al ver que su padre, Adam Smith, acababa de entrar por la puerta.—¿Estoy interrumpiendo algo? —preguntó Adam, al notar la cercanía entre ambos.—No, claro que no —respondió serio. —Aun así, no me gusta que entren a mi despacho sin llamar.—Quería avisar, pero no encontré a tu secretaria en su lugar correspondiente —el hombre miró a Rafaela con una expresión altiva, haciendo que aquella frase fuera interpretada de otra manera.—Buenos días, señor —lo saludó ella, algo nerviosa. —Me llamo Rafaela, soy la secretaria del señor Ethan.Adam se detuvo a analizarla de arriba abajo antes de extender la mano para saludarla.—Mucho gusto.—Es un placer conocerlo personalmente —respondió. —Bien, me retiraré ahora, creo que tienen cosas que conversar.—Trae dos cafés, Rafaela. Creo que nuestra conversación será un poco larga —pidió Ethan.—Sí, señor, con permiso.Al salir de allí, nerviosa y temiendo lo que el hombre pudiera haber presenciado, fue a busca
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