POV Emma Al día siguiente decidí que si iba a perder al menos iba a perder habiendo peleado, así que bajé a desayunar con el pelo suelto, un vestido que me quedaba bien y la determinación de una mujer que pasó la noche entera planeando su estrategia en vez de dormir. Alejandro ya estaba en la terraza con café y su laptop y cuando me vio llegar levantó la vista con esa mirada de inventario rápido que los hombres hacen sin darse cuenta. Me acerqué, le puse la mano en el hombro, me incliné y lo besé en la mejilla demorándome medio segundo más de lo necesario con los labios cerca de su oído. —Buenos días. Lo dije en voz baja, solo para él, pero lo suficientemente audible para que Sofía, que venía entrando a la terraza con su jugo verde, lo captara. Alejandro me miró sorprendido porque en todas las semanas de contrato yo nunca había iniciado el contacto físico por voluntad propia, siempre era él quien ponía
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