Narra Gabriel:Me llamo Gabriel Baileyi, y en ese claro del bosque, bajo una luna que parecía demasiado brillante para ser real, comprendí que el miedo verdadero no tiene forma de lobo ni de espada. Tiene sedientos ojos rojos y una sonrisa que no llega a lo racional, licántropo, ni humano.Razvan estaba allí, inmóvil, como si el viento no se atreviera a tocarlo. Su presencia era una presión física: el aire se volvía más denso, más frío, más antiguo. Olía a rosas marchitas y a hierro viejo, a alma antigua que parecía poseer todo el conocimiento del mundo.Mi instinto de Alfa rugió dentro de mí, pero no era furia lo que sentía. Era terror puro, el tipo de terror que hace que las piernas tiemblen y la garganta se cierre sin poder siquiera soltar alarido de terror alguno.No pensé. Solo actué por instinto, después de todo, licántropo y vampiro, somos enemigos naturales.Mis colmillos se alargaron hasta doler. Mis músculos se tensaron como cables de acero, y di un salto brutal, directo hac
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