Narra Gabriel:El viento se sintió viciado, tan pesado como nunca antes, y en ese momento, desde las murallas del castillo de Leroux, vi cómo la guerra que tanto había deseado se convertía en mi peor pesadilla.El sol se hundía en el horizonte como una herida sangrante, tiñendo de rojo los campos fangosos por el deshielo, y dejándome una sensación de temor que no comprendí de inmediato. Arien Solarion no había llegado con un ejército enorme, no necesitaba hacerlo; su grupo era pequeño, letal, preciso como una daga en la garganta: apenas un centenar de lobos de élite de la manada Ventus, mezclados con vampiros silenciosos que se movían como sombras. Reconocí al príncipe Bogdan entre ellos, sus ojos de oro, idénticos a los de Razvan, brillando incluso a la distancia, y a Garou, el Beta de Arien, con el hacha lista. Zephir del Viento estaba a su lado, el cabello plateado ondeando como una bandera de tormenta. Avanzaban en formación perfecta, sin prisa, sin miedo. Eran pocos, pero cada un
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