La culpa que sentía la estaba atormentando.Al día siguiente, cuando Eliot despertó, no quiso verla, pero Kendra no se rindió e ingresó igual para hablar con él; la culpa la consumía y más al verlo en ese estado.—Eliot —lo llama y él gira su cabeza hacia otro lado y no le responde.—Por favor, mírame, ¿por qué no me hablas, no me respondes? —ella se va del otro lado de la cama y él se vuelve a girar.Kendra llorando —¿Por qué me culpas? Yo no te he hecho nada, yo no provoqué este accidente.—Ah, no, mírame cómo termine, por tu culpa, tú querías un tiempo, bueno, ahí lo tienes, vete que no te quiero volver a ver, sé que estás con alguien más, me lo dicen tus ojos.—No, Eliot, no estoy con nadie, podemos hablar, por favor, necesito que me escuches —ella intenta tomar su mano, pero él la rechaza.—Vete, déjame solo, yo no quiero estar contigo, vete, Kendra.Ella sale hecha un mar de lágrimas; su suegra la consuela.—Tranquila, hija, ya verás que sí va a poder caminar, se va a recuperar
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