AsherCuando recuperé la conciencia, sentí que algo no iba bien en el mundo. Era ese tipo de sensación que te invade las entrañas, pero que tu mente, demasiado confusa, no es capaz de procesar al principio. Me dolía el cuerpo, un dolor profundo y sordo que se irradiaba desde el cuello y las extremidades. Intenté moverme, pero las ataduras que me sujetaban eran firmes, implacables. Apenas podía mover las muñecas, y mucho menos las piernas. Mi entorno me resultaba desconocido, frío, metálico y zumbaba con el ruido sordo y constante de un motor. Parpadeé varias veces, tratando de adaptarme a la tenue luz.La comprensión me llegó lentamente. Estoy en un avión.Giré la cabeza hacia un lado, sintiendo el tirón agudo de las cuerdas, pero no cedieron. No había escapatoria. El aire a mi alrededor era enrarecido y desprendía un olor rancio que me revolvió el estómago. Mientras luchaba por orientarme, vi a Elena. Estaba sentada frente a mí, con la mirada fija en la mía, inquebrantable y depredad
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