Capítulo 122 —La trampa ya estaba servidaNarrador:La cabaña de Eloísa y Esteban no tenía nada de especial.Eso era, precisamente, lo que la volvía perfecta.Perdida entre árboles viejos, con el techo bajo y la madera curtida por la intemperie, parecía la clase de lugar donde nadie imagina que pueda pasar algo grande. Ni una tragedia, ni una cacería, ni un ajuste de cuentas. Parecía un rincón del mundo donde la vida solo se repite: amanecer, trabajo, cansancio, silencio.Esa noche, sin embargo, el bosque respiraba distinto.Había un aire denso, pegajoso, como si la oscuridad se hubiera acumulado en capas.A unos metros de la cabaña, casi invisibles entre troncos y sombras, estaban los tres hombres apostados afuera. No hablaban. No fumaban. No caminaban. Habían aprendido a volverse parte del paisaje. Hombres de Mateo. Puestos allí para cubrir una distancia corta, para ser ojos y oídos, para detectar cualquier movimiento extraño en la zona.Era lo suficiente… hasta que dejó de serlo.El
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