Cerré la puerta de la habitación de Alice sin hacer ruido y me quedé allí un momento, con la mano aún apoyada en el pomo.Se había quedado dormida más rápido de lo que esperaba. Le habían limpiado la rodilla, le habían vendado, le habían besado. Lloró contra mi pecho, con los dedos apretados en mi camisa, como si temiera que desapareciera si me soltaba. Me quedé hasta que su respiración se estabilizó, hasta que la tensión finalmente abandonó su pequeño cuerpo.Solo entonces me fui.Ahora la casa se sentía mal. Demasiado silenciosa. Demasiado pesada.Caminé por el pasillo hacia mi habitación, con los pensamientos confusos y nítidos, negándose a calmarse. La imagen se repetía una y otra vez, indeseada y vívida. Alice en el suelo. Su rodilla raspada. Lily abrazándola, pálida y temblorosa.Y la verja.Cerré la puerta tras de mí y me pasé una mano por el pelo, exhalando lentamente. No me senté. No podía. En cambio, caminé de un lado a otro, con pasos inquietos contra el suelo.Descuidada.
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