Alarmada, susurró a los niños:—Entren. No salgan hasta que yo se los pida. No hablen ni susurren y sí, por favor, nada de moverse—dijo Amanda con prisa—. Ahora entren. Rápido.Cuando los niños ya no estaban a la vista, Amanda abrió la puerta y se reunió con Rowán, que había estado de pie en la entrada de la casa.—Hola, ¿qué haces aquí?—preguntó Amanda, inquieta.—Explorando la ciudad—respondió Rowán, sonriendo.Amanda tartamudeó. Estar allí, en la entrada de su casa, se sentía incómodo y quiso preguntarle si quería pasar, pero al mismo tiempo le preocupaba que alguno de los niños desobedeciera sus instrucciones.—Ehmmm… yo no… ¿quieres… ehmmm…?—balbuceó, pero Rowán la interrumpió.—Está bien. No quiero entrar. Solo vine a darte esto—le entregó a Amanda la flor que había estado escondiendo detrás de la espalda.—Oh, Rowán, por favor—dijo Amanda, ruborizándose. Sin embargo, logró ocultarlo de él.—¿Qué?—preguntó Rowán.—Dejemos esto claro. Me pediste que actuara como tu novia, no que
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