De vuelta en la casa de Rowán, Amanda se había retirado a su habitación presa de la ira. Rowán decidió ir a verla. Llamó suavemente a la puerta del dormitorio de Amanda, preocupado por cómo se sentía.—Amanda —la llamó—, ¿puedo pasar?Amanda, aún intentando calmar sus pensamientos acelerados, dudó un momento antes de responder:—Sí, claro, pasa.Rowán abrió la puerta despacio y entró. La encontró sentada al borde de la cama, con el rostro enterrado entre las manos. Se acercó y se sentó a su lado, apoyando una mano en su espalda.—Amanda, lo siento por lo que pasó abajo —empezó Rowán, con la voz cargada de empatía—. No esperaba que Wilson apareciera así.Amanda asintió.—Pero verás, es mi hermano y no puedo estar enfadado con él para siempre, no cuando viene así, pidiéndome perdón —continuó Rowán. Le resultaba difícil interpretar la expresión de Amanda, pero siguió hablando—. Sé que sigues molesta con él por haberte coqueteado en la cena con mis padres y…Amanda lo interrumpió.—No es s
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