La reunión no tenía agenda formal.Valentina lo había decidido así deliberadamente.No presentación. No proyector. No el ritual corporativo de los encuentros donde alguien habla y los demás toman notas y todos salen con la sensación de que lo importante se dijo sin haberse dicho.Solo la sala de reuniones grande del piso doce. Una mesa con café y pan. Las personas que habían importado.Carolina llegó primera, como siempre.Mónica llegó exactamente a la hora acordada, con los dos hijos en la escuela y esa manera suya de entrar a un cuarto verificando las salidas antes de sentarse.Rodrigo llegó con cinco minutos de retraso y una disculpa genuina, el tipo de disculpa de quien ha aprendido que los pequeños descuidos también cuentan.Mateo llegó con una carpeta bajo el brazo que no abrió en toda la reunión.Marina llegó en último lugar, despacio, con el bastón que había empezado a usar después del juicio de Carmen, y se sentó en la silla más cercana a la puerta con la calma de quien ya no
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