Narrado por Liam Donovan (64 años)La villa de Amalfi vibraba. Si cerraba los ojos, el sonido de las risas, el chocar de las copas y el correteo de los nietos sobre el mármol me recordaba a una frecuencia de radio perfectamente sintonizada. Pero hoy, a mis sesenta y cuatro años, había decidido que mi guardia oficial había terminado.—¡Papá! ¡Leo está intentando aplicar el código penal al reparto de la tarta y los niños van a empezar una revuelta! —gritó Emma, que a sus treinta y tantos lucía más parecida a Mia que nunca, aunque con esa chispa de mando que siempre la definía.La miré por encima de mi copa de vino. Estaba allí, con Noah a su lado —quien ahora era un socio más en los asados familiares y mi mano derecha en discusiones técnicas—, tratando de controlar el caos de sus propios hijos. Detrás de ellos, Leo mantenía su seriedad de fiscal incluso con un gorrito de fiesta, Noah (hijo) bromeaba con su esposa, y Atenas entraba con una bandeja, riendo ante el desorden.Pero mi atenci
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