Narrado por Liam Donovan El mundo se había reducido a ese pitido insoportable y al frío del cristal contra mi frente. Los médicos eran sombras moviéndose en un baile frenético de muerte, pero yo no podía ver a nadie más que a ella. Mia estaba cruzando una frontera a la que yo no podía seguirla, y el terror de quedarme en un mundo donde ella no respirara me desgarró las entrañas. —¡Liam, apártate! —gritó Dominic, tratando de levantarme del suelo, pero me zafé de él con una furia ciega. No me importaron los protocolos, ni los guardias, ni el doctor Miller. Me puse de pie y, con un hombro, golpeé la puerta de la unidad de cuidados intensivos con tal fuerza que el cierre magnético cedió. Entré como un vendaval. —¡Señor, no puede estar aquí! —gritó una enfermera, pero la aparté suavemente con el brazo. Me arrodillé junto a la cama, justo al lado del médico que seguía presionando rítmicamente el pecho de Mia. Le tomé la mano helada, esa mano que encajaba perfectamente en la mía,
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