Capítulo 72: El Código del SilencioEl silencio en la oficina era tan pesado que se podía sentir en la piel. Damián seguía de pie, con el ceño fruncido y el teléfono en la mano, listo para mover millones con una sola llamada. El abogado Rivas, sentado frente al escritorio, ajustaba sus gafas con nerviosismo, mirando la pantalla donde la imagen de Marcos acababa de desaparecer.—Elena, escúchame —insistió Damián, su voz cargada de esa protección posesiva que lo caracterizaba—. No tienes que pasar por esto. Marcos es un animal herido y Roberto Valente le está dando los colmillos. Le pagaré lo que pida y haremos que firme una cláusula de silencio eterno. No dejaré que te arrastren por el lodo en un juicio público.Elena lo miró fijamente. Sus ojos, antes apagados por la sumisión de tres años, ahora brillaban con una determinación fría. Caminó hacia la papelera y soltó el delantal sucio. El sonido de la tela golpeando el fondo del bote fue como el cierre de una tumba para su vida anterior
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