Sin embargo, mi éxtasis no duró más que unos segundos, porque pronto el cinturón de Ares volvió a tocarme la piel, esta vez con un poco más de fuerza, haciendo el sonido chasqueante sonar cuando el cuero golpeó mis manos, alejándolas. Me di cuenta de lo que estaba haciendo, y me eché para atrás, apoyé mis palmas en el suelo mientras usaba mi mirada para suplicar.—Déjame tocarte. —Pedí, viendo a Ares deslizar sus dedos sobre el cinturón mientras me estudiaba con sus ojos oscuros. —Por favor.Siguió mirándome, siempre teniendo esa sonrisa que me hacía tener una sensación irracionalmente placentera de estar en peligro, y luego gesticuló algo suave con la barbilla. —Dame tus manos. —dijo, por fin, y al instante desplegué mis palmas ansiosas, casi gimiendo de frustración cuando, en lugar de tomarlas y acercarlas a su propio cuerpo, Ares puso el cinturón sobre ellas. —Será mejor que te quedes así hasta que te diga que puedes moverte. —Completó, rompiendo completamente mis expectativas, y c
Leer más