—Maya, dije que no importa. —Repitió, más decidido, tratando de levantar mi rostro para poder mirarlo. Pero me resistí, sabiendo que si lo hacía, perdería toda la fuerza que necesitaba para decir lo que tenía que decirle.
—No. —Negué, todavía aturdida. —No quiero que hagas eso.
—Ángel, ya dije que no me compartirás con nadie. Seré tuyo solo.
—No, Ares. —Esta vez, la negativa falló, con mi voz denunciando lo mucho que me dolía decir eso. —No quiero que hagas eso porque… porque ya no estaremos ju