—¡Abuela! —Dice Yeri, aferrándose a las piernas de su abuela, que no parece saber cómo reaccionar ante eso. —¿También viniste a la fiesta de la cachetona?Jesús, esta familia me odia. Una me llama cachetona, la otra me dice salvaje.—Oh, no, Yeri... solo vine a hablar sobre trabajo, pero ya me voy. —Dice la madre de Ares, y es gracioso ver a esta mujer incómoda.—Puedes quedarte. Oscar también está aquí y puedes conocer a los padres de Maya. —Dice Ares, mirándome como para asegurarse de que no tengo ningún problema con eso.—¡Abuela ven, abue! —Llama Yeri, ya tirando a la mujer hacia adentro, y Ares y yo nos miramos en silencio antes de estallar en carcajadas y cerrar la puerta.Antes de aprovechar más la ligereza del momento, Nataly grita:—¡Ya salió el resultado!Aterrorizada, miro a Ares y me da un fuerte abrazo antes de guiarme al sofá, donde expulsa a su hermano para darme un lugar para sentarme.Enseguida va a nuestra oficina y regresa con el portátil, colocándolo en mi regazo,
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