—Mejor quédate en tu cuarto, Eli —le advirtió Selena al pasar frente al dormitorio de su hija.Esa mañana, Eli seguía negándose a salir. Cuando Selena le pidió que la acompañara a desayunar, la niña ni siquiera discutió; se negó en voz baja. En otras circunstancias, esa negativa la habría enfurecido. Pero Harold le había prometido que ese sería el día en que caería la familia Callister, y esa expectativa bastaba para mantener su temperamento a raya.—Sí, mamá —respondió Eli.Después, Selena se ocupó de sus asuntos. Desde lejos, había visto a la familia desayunar junta, sin ella. Nadie se molestó siquiera en mandar a alguien a llamarla.—Qué descaro —masculló mientras caminaba por el corredor hacia el salón principal.Había pensado revisar el ala derecha, donde se alojaba Althea, pero abandonó la idea al ver lo estricta que era la seguridad allí.—Maldita sea. ¿Quién se cree que es Althea para que la cuiden así?Cuanto más se acercaba Selena al salón principal, más evidente era que la c
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