El eco del disparo de Cassian aún rebotaba en las cúpulas de la capilla, un sonido seco que olía a pólvora y a traición. Dante yacía contra el mármol, su respiración era un silbido húmedo que manchaba de rojo la blancura del altar.Elara se lanzó sobre él, ignorando el peligro, sus manos buscando desesperadamente la entrada del proyectil mientras su vestido de novia se empapaba de un carmesí violento.— No te atrevas a cerrar los ojos, Dante — sollozó ella, presionando la herida con el encaje de su vestido — ¡Mírame! No me dejes ahora que finalmente somos libres de las sombras.Cassian dio un paso al frente, la boca de su arma aún humeante. No había duda en su rostro, solo la frialdad de quien cumple una orden superior. Apuntó directamente a la frente de Dante, ignorando los gritos desgarradores de Elara, quien intentaba
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