—¡Cierra la boca y escúchame bien!—, exclamó Andrew, estampando la palma de su mano contra el escritorio de esa habitación privada para los clientes de la funeraria.Evangeline retrocedió hasta chocar con la pared, todavía temblando por el encuentro con Noah. Andrew se le encimó, invadiendo su espacio con una violencia contenida que hacía vibrar el aire.—Te di una misión—, añadió Andrew, señalándola con un dedo índice—, Te puse en la cama de un Scott para salvar mi pellejo, no para que te revolcaras como una perra en celo con el muerto de hambre de Noah en el funeral de mi esposa. ¿Tienes idea de lo que Lysander hará si se entera?—¡Él me ama!—, replicó Evangeline, con las lágrimas corriéndole en los ojos—, Algo que tú no conoces, maldito. Andrew soltó una carcajada seca y carente de humor. Dió un paso más, acorralandola.—Fátima era un cabo suelto que ya no servía. Y tú te estás convirtiendo en otro. Si vuelves a ver a ese infeliz, te juro por la tumba de la mujer que acabo de mata
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