C76-SATISFACCIÓN ABSOLUTAMateo la levantó por las caderas con las dos manos, la alineó con un movimiento rápido y preciso, y empujó dentro de un solo golpe seco. Bianca soltó un grito ahogado que se convirtió en un gemido largo cuando sintió cómo la abría entera, cómo la llenaba hasta el fondo de una vez.Porque el pene de Mateo era grueso, caliente, palpitante, y entraba con una presión que la hacía arquear la espalda contra los cojines. Él se quedó quieto un segundo, respirando fuerte contra su cuello, dejando que ella se ajustara, que sus paredes internas se contrajeran alrededor de él como si quisieran retenerlo para siempre.—Joder… estás tan mojada —gruñó él, con la voz ronca y temblorosa.Bianca no contestó con palabras, sino que enredó las piernas alrededor de su cintura, clavándole los talones en las nalgas y empujó las caderas hacia arriba para que entrara más profundo. Mateo empezó a moverse entonces, le dio embestidas fuertes, profundas, sin ritmo suave ni caricias previa
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