: EL CIELO LLENO DE AZUCENASCinco años después.El Hogar de las Semillas había crecido mucho: ahora acogía a treinta niños, tenía un centro de estudios, un taller de arte y un jardín gigante lleno de azucenas de todos los colores —blancas, rosadas, amarillas— plantadas por cada niño que había pasado por allí.Luna estaba en la terraza del hogar, mirando el jardín. La Fundación Sofía había ayudado a más de quinientas mujeres y doscientos niños en todo España. Iris y Marco tenían dos hijos pequeños, Leo y Mía, que jugaban con Sofía, Milo y Tomás en el jardín. Elisa era la jefa de voluntarias, y la abuela de Milo venía todos los fines de semana para cocinar para todos.Ese día era un día especial: el V Aniversario del Hogar de las Semillas, y venían amigos, familiares, políticos y medios de comunicación para celebrarlo.Tomás, ahora un adolescente de trece años, se acercó a Luna con una azucena rosa en la mano.—Esta es la semilla que planté aquel día en el colegio —dijo—. Ya creció y f
Ler mais