POV AlejandroCuando entramos a la habitación, Sofía se sentó en el borde de la cama y se quitó los zapatos, dejando escapar un largo suspiro, se veía agotada.Me acerqué a ella y, sin decir nada, empecé a masajearle los hombros, sentí cómo se relajaba bajo mis manos.—Pronto mejorará nuestra vida, nena —le dije en voz baja.Ella se giró y me tomó de las manos, obligándome a dejar de masajearla para que la mirara de frente.—A veces me da miedo que esto sea un sueño, Alejandro, que me despierte y siga en junto a los asesinos de mi madre, o que Valentina se salga con la suya otra vez.Le tomé la cara con las manos. —No es un sueño, y si lo fuera, me encargaría de que nadie te despertara, ya no eres la mujer que ellos pueden pisotear, ahora eres mi mujer, la madre de mis hijos.La besé lentamente, con calma, Sofía respondió rodeándome el cuello con los brazos y por un momento me olvidé de las órdenes de captura, de los abogados, solo éramos nosotros dos.De pronto, escuchamos unos paso
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