POV AstraPronto lo llevamos al hospital.Está inconsciente y el peso de su cuerpo entre mis brazos hace que cada segundo se sienta más largo, más insoportable.La sangre no es mucha, pero verla en su piel, en su ropa, en ese brazo donde la bala apenas rozó la carne, me revuelve el estómago. No es una herida grave… el médico lo dirá después. Pero en ese instante, para mí, todo parece fatal.Mi corazón late con violencia, como si quisiera escapar de mi pecho. No es solo miedo. Es culpa. Es rabia. Es ese tipo de amor que no sabe comportarse cuando la vida decide jugar sucia.Llegamos a una clínica privada. Luces blancas, olor a desinfectante, pasos rápidos. Todo sucede demasiado deprisa, como si el mundo no entendiera que para mí el tiempo se ha detenido.Entramos y lo atienden de inmediato. Médicos, enfermeros, manos que lo apartan de mí sin pedir permiso. Yo me quedo atrás, clavada en el suelo, viendo cómo lo alejan.—¡Espere afuera! —dice alguien, con voz firme.Y obedezco, no porque
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