Laura ya había obtenido datos viables del Sr. Nuno. Pero al día siguiente, Tomás llamó, con un tono ambiguo. —Señora Benítez, si quiere los datos de soporte para el plan, puede venir al Grupo Yanzó personalmente. Laura soltó una risa sarcástica. —¿No dijo el señor Fuentes que yo me arreglara, que Yanzó no me daría ni un punto? Tomás dudó un instante, su expresión cambiando, luego rio con incomodidad. —Señora Benítez, malinterpreta, el señor Fuentes no es así. Después de la llamada, Tomás, a regañadientes, informó a Sebastián: —La señora Benítez dijo que tiene que recoger a su hijo del jardín infantil, no tiene tiempo. Sebastián cambió de expresión de inmediato. Una frialdad se extendió por la habitación. Tras un momento, dijo: —Reagenda lo de la tarde.Agarró la llave del auto y salió de la oficina con paso firme. A la hora de salida, la entrada del jardín infantil ya estaba llena de autos. Sebastián estacionó con su estilo usual, arrogante, forzando un espacio, bajando y
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