África se asomó hacia el rostro de Asherad con la clara intención de besarlo, buscando ese contacto que tanto anhelaba. Sin embargo, él reaccionó antes de que sus labios se encontraran: le sujetó la barbilla con firmeza y, en un movimiento brusco, la hizo girar, empujándola hacia un costado.En cuestión de segundos, las posiciones se invirtieron. África quedó recostada sobre el lecho y fue él quien se colocó encima. La sorpresa la atravesó, pero lejos de incomodarla, ese gesto dominante despertó aún más su expectativa.Asherad se inclinó hacia su cuello, acercándose a su piel, y comenzó a presionar su pelvis contra la de ella con insistencia, buscando fricción.Sus movimientos eran casi desesperados, y ella no tardó en reaccionar, dejando escapar gemidos suaves, convencida de que por fin estaba logrando lo que tanto había esperado. Para África, aquello era una señal de avance, una confirmación de que él estaba cediendo.Pero en realidad, Asherad luchaba consigo mismo. No se estaba dej
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