Damián permaneció unos instantes junto a Dalila, como si le costara desprenderse de ella, y finalmente se incorporó con evidente desgana. Luego, dio media vuelta, saliendo de la celda casi arrastrando los pies. No había en él prisa alguna, solo una negativa muda a abandonar a Dalila en aquellas condiciones. Aun así, terminó por cruzar el umbral de la celda, donde los guardias aguardaban en silencio, y se dejó conducir por los pasillos fríos y estrechos hasta su propio encierro.—Traigan más abrigo y ropa para él —ordenó Elliot.Los hombres asintieron, pero antes de que pudieran retirarse, la voz de Damián interrumpió el momento.—Quiero hacerte una pregunta.Elliot incrustó la mirada en él, expectante, aguardando que continuara, pero Damián no habló. En cambio, desvió los ojos hacia los guardias que aún permanecían allí, dejando en claro, sin necesidad de palabras, que no deseaba que fueran testigos de lo que estaba por decir. Elliot, perceptivo, comprendió al instante. Giró ligeram
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