La noche ya estaba muy avanzada cuando Gael se encontraba en el jardín del palacio, exactamente en el mismo espacio donde solía entrenar junto a los demás guerreros durante el día. A esas horas, sin embargo, el lugar estaba completamente desierto. Debía de ser cerca de la medianoche, pero él seguía allí, con la espada en la mano, entrenando sin descanso.La verdad era que no había podido permanecer en su alcoba. Aquella habitación, que debería haber sido un lugar de reposo, se sentía sofocante, como si las paredes se cerraran sobre él. La inquietud que llevaba dentro le impedía quedarse quieto, y por eso había salido en busca de aire fresco, esperando que la amplitud del jardín le ofreciera algo de alivio.Sin embargo, ni siquiera allí lograba sentirse realmente tranquilo. El aire de la noche no parecía lo suficientemente ligero para calmar lo que oprimía su pecho.Aun así, no tenía intención de regresar, por lo que continuó entrenando solo.Pasó así varios minutos, hasta que de repen
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