Asherad avanzaba por los largos pasillos de su mansión con paso firme, aunque su mente estaba lejos de allí. Se dirigía a la sala de reuniones, el lugar donde acostumbraba encontrarse con los altos mandos del Clan cada vez que había asuntos delicados que tratar.De pronto, en medio de su caminar, algo lo obligó a detenerse. No fue un tropiezo ni un dolor físico común. Fue como si algo se desgarrara dentro de su pecho, pero no en la carne, sino más profundo, en un lugar que no podía tocarse con las manos.Un dolor agudo, desgarrador, le atravesó el alma. Se le escapó un quejido bajo y, casi por instinto, llevó la mano al pecho, apretándolo con fuerza, como si así pudiera contener aquello que parecía resquebrajarse en su interior.Cerró los ojos con intensidad, tratando de dominar la sensación, pero era un dolor difícil de soportar. Sus fuerzas flaquearon por un instante y, sin poder evitarlo, una de sus rodillas cedió hasta tocar el suelo. Se sostuvo como pudo, con una pierna hincada y
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