Asherad se puso de pie de manera tan brusca que la silla salió despedida hacia atrás y cayó al suelo con un golpe seco. Se quedó mirando fijamente al guardia, con los ojos abiertos de par en par.—¿Escapó…? —repitió.—Sí, Alfa. Al parecer, un lobo logró infiltrarse en la mazmorra. Atacó a los guardias y los dejó inconscientes. Cuando comenzaron a despertar, dieron la alerta. No sabemos con exactitud cuántas horas llevan huyendo, pero todo indica que ocurrió durante la madrugada.Mientras hablaba, la luz del amanecer empezaba a colarse por las ventanas, confirmando que habían pasado ya varias horas desde que, amparados por la oscuridad de la noche, Sigrid y Oliver habían escapado.Asherad no dijo nada. Permaneció inmóvil, con los labios entreabiertos, y apartó la mirada hacia un punto indefinido de la sala. Su expresión se volvió distante, ausente, como si su mente hubiera viajado muy lejos de allí. Durante unos segundos, parecía no estar realmente presente, perdido en pensamientos que
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