Morgana, a diferencia de Cedric, no tenía manera alguna de negarlo. No podía hacerlo, porque había sido ella quien había dado a luz a dos criaturas. Resultaba imposible fingir ignorancia, imposible afirmar que no sabía nada o que no había tenido participación en aquello.No entendía cómo el Alfa había llegado a descubrir la verdad, pero, al igual que le había ocurrido a Cedric, comprendió que ya no importaban los detalles ni el origen de la revelación. Lo único verdaderamente relevante era que Asherad ya lo sabía, y ese conocimiento lo cambiaba todo.Consciente de ello, Morgana cedió por completo. Sus fuerzas la abandonaron y se dejó caer al suelo, apoyando primero las rodillas y luego todo el cuerpo, hasta quedar postrada sobre la piedra fría de la celda. Se humilló sin reservas, quedando a merced del Alfa, con la frente casi rozando el suelo.—Alfa… —suplicó—. Por favor, perdóneme. Le ruego que me perdone por esta falta. ¡Perdóneme la vida!Asherad dio un paso al frente. Sus botas qu
Leer más