POV ANDREW El alta hospitalaria no fue simplemente un trámite médico; para mí, fue el rescate de lo más valioso que la vida me había dado. No la llevé al ático. Sabía que cada rincón de ese lugar estaba contaminado por las dudas que Sasha había sembrado, y no iba a permitir que Karina se recuperara en un ambiente donde se sintiera una intrusa. Por eso, en un movimiento relámpago, adquirí un nuevo departamento. Un lugar donde el aire olía a nuevo, a jazmines frescos y, sobre todo, a un futuro sin manchas. Al entrar, la ayudé a sentarse en el sofá de terciopelo. Ella se movía con una rigidez que me partía el alma; cada paso era un recordatorio de mi fracaso al protegerla. —Este es nuestro lugar, Kary —dije, arrodillándome frente a ella para quedar a su altura, tomando sus manos frías entre las mías—. Aquí no hay pasado, no hay sombras de nadie más. Te aseguro, por lo más sagrado, que Sasha jamás puso un pie en mi vida privada. El ático es un templo de mis recuerdos contigo, y jamás
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