~MAKSIM~ Irina empezó a retorcerse y a sacudirse con fuerza, como si con eso iba a poder conseguir soltarse de las cadenas que la ataban a la silla. No lo logró y eso solo la enfureció más y la hizo gritar, histérica. Después, como una completa desquiciada, empezó a reírse. —Dices esas cosas solo porque tienes a tus matones para intimidarme. Eres valiente para enfrentarme solo porque me tienes amarrada a esta silla —escupió—. Pero si no fuera así, las cosas serían completamente diferentes. Si yo no estuviera amarrada a esta maldita silla y no estuviera en desventaja, con estos matones al lado y estos dos imbéciles —nos señaló a Artem y a mí con su barbilla— defendiéndote, ya te habría puesto dos balas entre ceja y ceja, maldita gorda asquerosa. «No tienes al diablo si no quieres conocer el infierno, maldita Irina. No sabes de lo que estás hablando», pensé, mientras observaba la sonrisa que se dibujó en los labios de Alessia. —¿De verdad piensas que tú podrías contra mí? —cuestion
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