Capítulo 34 Eres el cazador o la cena—No le estoy pidiendo nada y no sé a qué se refiere, recuerde la condición que le puse, debe tratarme bien, los niños no pueden ser testigos de dos adultos maltratándose —respondió Ariana con altivez, aunque su voz sonaba ahogadaLa sonrisa de Leónidas se escuchó con un sonido seco y peligroso que le heló la sangre. Sin decir más, la agarró del brazo, ignorando las miradas curiosas de los niños.Él avanzaba con paso implacable y Ariana, simplemente, intentaba no desmoronarse mientras caminaban al encuentro con el Viejo Celis.Se adentraron en un salón que, en apariencia, resulto acogedor y cómodo, pero el aire allí dentro se sentía pesado.Sentado en uno de los sofás, se encontraba un hombre entrado en años, pero que conservaba una postura altiva y una fuerza envidiable. Al verlos llegar, el Viejo Celis no pasó por alto la mirada de desafío de Leónidas. Sonrió para sus adentros; aquel muchacho seguía siendo el mismo altanero de siempre.De inmedia
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