Capítulo 115.

Capítulo 115

Arya.

El peso de Dorian en mis brazos era la única realidad que me quedaba. El silencio de la nieve, después de días de explosiones y gritos, resultaba casi ensordecedor. Me quedé allí, sentada sobre la tierra fría, acunando su cabeza hasta que Silas y Caín llegaron corriendo para ayudarme a trasladarlo a la tienda principal.

A la mañana siguiente, el frío era seco y el cielo estaba despejado, de un azul tan pálido que se me hacía melancólica.

Dorian seguía durmiendo, sumido en una
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