Capítulo 101Arya.El alba nos encontró en los establos, bajo una bruma espesa que parecía querer ocultar la mansión Blackwood del resto del mundo. El aire era tan frío que dolía al respirar, pero el movimiento constante de los hombres de Caín y el tintineo de las sillas de los caballos mantenían a raya el letargo del invierno.Kael y Elian se despidieron de nosotros en el umbral, con los ojos todavía pesados por el sueño. Verlos allí, protegidos por Silas y rodeados de guerreros, me dio la fuerza que necesitaba para montar mi yegua. Dorian, ya sobre su semental negro, lucía de nuevo como el Alfa soberano, aunque yo sabía que bajo toda esa armadura, sus pulmones aún libraban su propia batalla.—¿Llevas los reactivos? —preguntó Dorian, acercando su caballo al mío.—Y las muestras de las nuevas herramientas de cirugía. Si el Alfa Jarek es tan serio como parece, el brillo del acero nuevo le interesará más que el de la plata vieja.—No te confíes, Arya —advirtió él, mirando hacia el sende
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