Remi no se movió.Se quedó exactamente donde la había encontrado el agua, con los pies plantados en el pavimento como si algo debajo se hubiera endurecido y la hubiera inmovilizado. Sus brazos colgaban a los costados, sueltos y olvidados, como si las señales de su cerebro hubieran dejado de llegarles. Tenía la mirada fija en su rodilla, en la piel debajo del moretón, la piel rosada, limpia y sin marcas que ahora estaba allí, a plena vista, diciendo todo lo que necesitaba decir sin emitir un solo sonido. Tenía la boca abierta, pero no salía nada. El rubor empezó en su cuello. Subió despacio y lentamente, extendiéndose por su mandíbula y sus mejillas, hasta llegar a su frente. Allí estaba, en medio de todas esas cámaras y todos esos ojos, con las manos colgando inútilmente y sin una dirección hacia donde mirar que no le costara algo que no pudiera permitirse perder.Me giré para mirar a la multitud.Di un paso al frente, acortando la distancia entre la gente allí parada y yo: las cámara
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