Tras el tenso almuerzo familiar en la mansión, Leo había buscado refugio en su apartamento de la ciudad, intentando poner kilómetros de distancia entre él y la presencia perturbadora de Elena. Sin embargo, el campus de la universidad, con sus pasillos de concreto y jardines de césped impecable, se encargó de volver a cruzarlos al día siguiente. Pensaron que la incomodidad de esa cena y verse en la cocina esa noche era el fin, pero estaban equivocados.Elena caminaba sola cerca de la facultad de Derecho, cargando un par de libros pesados contra su pecho, mientras observaba el campus. Aún no conocía a nadie y su belleza, una mezcla de la sofisticación de Olivia y la mirada profunda de los Ashworth, no pasaba desapercibida para los estudiantes que pasaban. Un grupo de amigos de Leo, los chicos más populares y ruidosos de la facultad, la divisaron desde una mesa de la cafetería al aire libre y, como si hubieran encontrado una presa exótica, se lanzaron hacia ella.—¡Vaya, Ashworth! ¿Quién
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