Narrado por MyraNo probé el desayuno.Tenía el plato frente a mí, pero la comida era solo forma. El verdadero peso lo traía adentro: el diario, la voz de Cirius, el nombre de Eryon escrito con tinta antigua, y la imagen del bebé arrancado de su cuna.Eryon. Un recién nacido. Un sacrificio.Me pasé la noche dando vueltas en la cama, sin lograr respirar bien. Cada vez que cerraba los ojos veía el claro del bosque, el cuchillo de plata, el hechicero. Y siempre terminaba en la misma idea, la que me hacía apretar la sábana hasta quedarme sin fuerza:¿Y si mi hijo es “la sangre del Alfa”?No quería pensarlo. Pero el miedo no espera permiso.Mi mano fue sola a mi vientre. El bebé se movió suave, como si no supiera nada del mundo que lo esperaba.En la mesa, el comedor estaba demasiado silencioso. Don Alaric al frente, como siempre. Cassian a un lado, impecable, tranquilo. Violeta y Bardok frente a mí. Yo intentaba no mirar el bastón de Alaric. Cada golpe seco contra el suelo me recordaba a
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