SeraphinaEl tiempo se detuvo. El aire polvoriento de la bóveda se volvió espeso, pesado, imposible de respirar. El mundo entero se redujo a la caja abierta en el suelo, a la fotografía descolorida de mi vida perdida, y a los ojos de Alessandro Rossi mientras levantaba la vista hacia mí.La forma en que susurró mi nombre —Elena— no fue un descubrimiento. Fue el sonido de una bomba detonando en el silencio. Fue la colisión de dos mundos, el suyo y el mío, la mentira y la verdad, el pasado y el presente.Vi el entendimiento florecer en su rostro, seguido rápidamente por una oleada de incredulidad y luego, una furia helada tan intensa que retrocedí un paso. El color desapareció de su rostro. Sus nudillos, que todavía descansaban en el borde de la caja, se pusieron blancos.—Tú… —dijo, su voz era un gruñido bajo, animal—. Imposible. No hubo supervivientes.El shock inicial se estaba desvaneciendo, reemplazado por el hielo familiar de mi odio, el único ancla que me quedaba en este mar de c
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