El caballo avanzaba entre los árboles con un trote ligero, esquivando raíces y matorrales como si estuviera acostumbrado a ese terreno irregular. La muchacha sobre su lomo, en cambio, no dejaba de quejarse, mascullando palabras entre dientes mientras avanzaba sin un rumbo claro.—No es apropiado... —repitió, imitando una voz grave y autoritaria antes de soltar un bufido, torciendo la boca con desdén—. Y qué tiene de malo que quiera practicar un rato con mi espada, no es como si los soldados nunca me hubiesen visto hacerlo.Apretó un poco las riendas, más por fastidio que por otra cosa, obligando al caballo a reducir un poco la velocidad.—Que si una señorita esto, que si una señorita aquello —siguió, mirando al frente sin ver, completamente enfocada en su diatriba—. Como si el hecho de que no usara falda me hiciera menos mujer que las demás. Adem&aacu
Leer más