Cuando Eriselle llegó a casa, el enojo que la había empujado a huir ya se había desvanecido hacía rato, reducido a un recuerdo sin importancia. La mansión se sentía tan familiar y segura como siempre. Y, sin siquiera pensarlo, sus pasos la dirigieron hacia la oficina de su papá, segura de que lo encontraría ahí.Apenas cruzó el umbral, lo vio de espaldas, de pie frente a uno de los libreros, concentrado en buscar algún documento.—¡Papá!Darian apenas tuvo tiempo de girarse cuando Eriselle se le lanzó encima, rodeándolo fuertemente con los brazos. El impacto le hizo dar un pequeño paso hacia atrás, pero enseguida respondió al abrazo por puro reflejo, cerrando los brazos a su alrededor.—Eri... —murmuró, sorprendido—. Pensé que aún estarías molesta conmigo.Ella negó contra su pecho, sin soltarlo.—Ya no —respondió, con voz amortiguada.Cuando finalmente se separaron, Darian pudo observarla con atención y frunció el ceño, confundido.—¿Y ese vestido?Eriselle parpadeó, como si recién r
Leer más