CAPÍTULO 172— Graduación: El Brillo de la Oscuridad La mañana no solo amaneció luminosa, sino que tenía esa claridad que parece diseñada para marcar un antes y un después en la vida. El cielo, de un azul tan pulcro que resultaba irreal, se estrellaba contra los ventanales de la Facultad de Medicina, devolviendo el reflejo de una multitud que ya estaba impaciente. Mía observó el panorama desde el auto, sintiendo cómo el aire se le iba de los pulmones. Sostenía el birrete contra su regazo con una fuerza innecesaria, permitiendo que la textura de la tela le recordara que no estaba soñando. Sus dedos, habitualmente firmes en las prácticas, traicionaron su temple con un temblor que delataba la magnitud del momento. Estaba cumpliendo su sueño. —Respirá, Mía —la voz de Sofía, cargada de una serenidad que ella no sentía, rompió el trance—. Este es el día por el que sacrificaste tantas noches; permitite disfrutarlo. Mía giró el rostro y encontró en su madre una expresión desconocida. No era
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