CAPÍTULO 174— Lo que prometimos en silencio
El hotel conservaba ese aura de refugio suspendido en el tiempo. Todo estaba exactamente como Mía lo había imaginado cuando tomó la decisión de reservar esa habitación. El miedo por lo que estaba a punto de hacer se mezclaba con el perfume discreto del lugar —una mezcla suave de flores frescas y limpieza— que flotaba en el aire. Había una vibración íntima, casi invisible, como si el espacio mismo supiera que algo definitivo estaba a punto de suceder.