Donato deslizó el vestido de Fiorella a través de su piel, su mirada se cargó de lujuria, de deseo aquel que le era difícil controlar, sus pieles ardían, feroces llamas los consumían. Un deseo comprimido que aparecía cada vez que ella estaba frente a él, su esposa, la mujer que hacía que su corazón fuera al ritmo que a ella se le antojaba.Cuando ella quedó completamente desnuda frente a él. Donato la observó de arriba a abajo, era perfecta un sueño hecho realidad, la mujer que inundaba su corazón de alegrías. Ella era la perfección en persona, él no tenía como resistirse, cada centímetro de su piel era deseado, añorado como el tesoro más grande.Fiorella era su mujer, era toda suya, la luz de la luna alumbraba perfectamente cada parte de su cuerpo, aquella silueta que hacía que perdiera el control cuando él más estaba preparado. Él se acercó dando pasos cortos y con firmeza, empezó a dejar besos regados por cada parte de su piel, con devoción, idolatrandola con cada uno de sus bes
Ler mais